
Justamente estamos en “el tiempo del no tiempo”, un punto de calibrado cero (por así decirlo), necesario para acelerar la reorganización del equilibrio ( en nuestra vida, en el planeta), un espacio para transmutar todos los sentimientos y pasarlos por el tamiz sagrado del corazón; es desde este lugar desde donde tendremos que empezar a vivir , a funcionar, para estar completamente equilibrados con esta nueva energía que trae este período de dos mil años venideros, un espacio en el que el caleidoscopio del tiempo refleja todas las formas que se pueden activar en la consciencia humana, así nos lo indicaron los Mayas en su calendario sagrado (cronología, astronomía y religión), el Tzolk’in, una civilización que desarrolló una de las más importantes culturas de la América indígena, y que fueron los grandes guardianes del tiempo. Para los Mayas, lo que llamamos tiempo, es un principio armónico de resonancia, ellos creían plenamente que el tiempo correspondía a un movimiento cíclico donde todo se re-encontraba.
(©Extracto de el libro ES EL MOMENTO, de Luhema)
































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